Napoleón y el Café

El emperador de los franceses era adicto al Café, que le enervaba y ponía en tensión unos sentidos que sin su ayuda tendían a adormilarse. “El café fuerte, cargado,-decía- me resucita, me causa escozor, una carcoma singular, un dolor que carece de placer. Prefiero entonces sufrir a no sufrir” Cuenta Alejandro Dumas cuando que, cuando los franceses tenían prohibido todo comercio con las islas Británicas y productos ingleses y los de sus colonias era boicoteados y destruidos, Napoleón llegó a un pueblo y, al pasar junto a una iglesia, notó un fuerte olor a Café tostado, que emanaba del presbiterio. Atraído por un aroma del que él mismo le costaba mucho trabajo prescindir, entró en un edificio y sorprendió a un digo eclesiástico ocupado en tostarse el café.

-¡Con que esas tenemos! ¡Os he pillado señor cura!-exclamó- ¿Tenéis alguna explicación que darme?

- Ya lo veis, señor-replicó el cura sin alterarse, y sin dejar de remover los granos con el tostador-, hago como vuestra majestad: quemo los productos coloniales allí donde los encuentro.

Se cuenta que, la víspera de Waterloo, el carromato que llevaba la reserva especial de café de napoleón se extravió y que, privado de la bebida estimulante que utilizaba para mantenerse despierto, el emperador durmió mas de lo habitual. Por esa razón, en vez de iniciar el ataque con la aurora, lo pospuso hasta mediodía.

Esa demora de media jornada resultó fatal, y determinó el curso de la historia.

 
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